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Hay comedias musicales, hay éxitos de Broadway que intentan transplantarse aquí, hay obras que son marcas que se venden con franquicia a todo el mundo, hay intentos de gente voluntariosa…y hay (con mayúsculas, faltaba más) Comedias Musicales de Cibrián – Mahler, a esta altura del partido, un género en sí mismo. ¿Qué género? Uno chillón, románticamente dark, increíblemente autosuficiente, un mundo en sí mismo de amores contrariados, freakies inocentones, lacayos, doncellas, pasiones incontenibles toques góticos en medio de humos violetas. Un mundo raro, pepitocibrianesco, que divide aguas: lo amás o lo odiás.
Es imposible dormirse en una comedia musical de Cibrián-Mahler, para bien o para mal. Si entrás en el código, te extasiás, te hacés fan, vas ¡hasta cuarenta veces a ver cada obra! (creer o reventar: hay blogs enteros dedicados a eso, gente que se pasa las letras de las canciones, que –uno supone- repiten las exasperadas coreos en rondas de amigos, que se compran los cd y vuelven a ver los dvd una y otra vez). Ahora, si no entrás, se te dilatan aún más las pupilas y el gesto es no-lo-puedo-creer-de-verdad-están-haciendo-eso?? Otra característica pepitiana es el reciclado continúo de sus obras, algo así como lo que hace –salvando todas las distancias- Joao Gilberto que vuelve y vuelve sobre su música intentando encontrar aquello que todavía no encontró. En el caso de Joao, lo logra.
No se sabe por qué Pepito vuelve y vuelve sobre sus historias góticas. En este caso vuelve a El Fantasma de Canterville, obra que ya había hecho hace cuatro años. Aquella historia que Oscar Wilde inventó una noche para hacer dormir a sus hijos, en donde había algunos guiños sobre el incipiente mal gusto norteamericano acá es un delirio de cowboys, raperos, estatuas de la libertad danzantes y chillonas, indios inconcebiblemente amanerados y ¡hasta Rambo! Los fantasmas tienen un look estatua viviente de plaza del segundo cordón del conurbano. Pálidos y menesterosos en su grandielocuencia de oferta de Once. Los sirvientes son tan ingleses que aburren. Y todos juntos dan un panorama tan…tan…tan que hay que inventar la palabra cibrianesco para que se comprenda.
¿Por qué todos están tan excitados, por qué todos explican todo, todo el tiempo (“¿quién es?” “¡Es el fantasma de Canterville!” cantan desaforados cuando aparece alguien que no puede menos que ser El Fantasma de Canterville)? ¿Será que piensan que alguna señora mayor del fondo no escuchó bien? Ok, fanáticos de Cibrián Mahler “el musical”, disculpas. No entro en el código y supongo que me pierdo algo, porque tanto fanatismo (los gritos de “Genio!” cuando aparece Pepito –que actúa aquí- son unánimes) tendrá alguna causa. En fin, se anuncian grandes efectos especiales. Vi dos: de golpe dos cuadros colgados al costado del escenario se caen y al final, hay una lluvia de burbujitas de jabón. La cartelera teatral de verano no tiene fin.
La aventura continúa.
Creado por terra707
12:00:32