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No es fácil, al menos para mí, ubicar a Kyrgyzstan en un mapa. Pero era una de las Repúblicas Socialistas Soviéticas cuando existía el socialismo soviético y se conocía como Rusia. Ahí, hace veinte años nacía Eldar Djangirov, hijo de una musicóloga y profesora de piano y un ingeniero que también tocaba el piano y coleccionaba discos de jazz. Se dice fácil "coleccionaba discos de jazz" pero parece que en la época en que el padre de Eldar era joven "coleccionar discos de jazz" era allí, simplemente, un delito.
En esa casa -que se puede intuir con el piano como eje omnipresente- es que creció Eldar, con oído absoluto. A los tres años ya tocaba. A los cinco sus padres descubrieron, azorados, que el nene podía reproducir en el instrumento cualquier melodía que escuchara. La biografía es cortita porque recién comienza: a los 9 tocó en el Festival de Jazz de Novosibirsk (¿alguien sabía que había un festival de jazz allí?) y por esas cosas del destino entre el público había un publicista norteamericano que lo convenció para mudarse sin más vueltas a Estados Unidos.
Así fue que Eldar con su familia se fue a la cuna del jazz y en nada de tiempo estaba audicionando, de la mano de Winston Marsalis para tocar en el Lincoln Center. Ya grabó tres discos, el último Re-imagination acaba de ser lanzado y busquen ahí no sólo standares de jazz como Out of nowhere o Place St. Henri (de Oscar Peterson, quien parece ser uno de sus autores favoritos) sino una exquisita versión de la ultra transitada Blakcbird de Lennon & McCartney.
Por esas cosas de las programaciones musicales, Eldar, cuando nadie lo esperaba, apareció por Buenos Aires y este 1 de noviembre presenta Re-Imagination en el ND Ateneo. Tuve la suerte de conocer hoy a Eldar, porque compartimos un programa de televisión. Esperaba un nerd pianístico y me encontré con un pibe carismático que no sólo saludó y habló con todo el mundo sino que, como cualquier post adolescente en celo, murió por sacarse una foto con Pamela David, también invitada al programa de la mañana donde trabajo.
En solo tres minutos demostró por qué es considerado hoy como la gran figura del piano del jazz del mundo, demoliendo cualquier duda sobre la autenticidad de su trabajo. También está editado en Argentina otro trabajo del muchachito: "Eldar live at the blue note", un recital increíble grabado en vivo el 14 de noviembre del 2005 en el mítico Blue Note de Nueva York.
Ahí las versiones de los inoxidables What is this thing called love de Cole Porter y de Take the A Train emocionan por la perfección y el sentimiento. Y la versión de Bésame mucho, el clásico de Consuelo Velásquez es, sencillamente, insuperable.
Este jueves en el ND Ateneo estará Eldar para quienes tengan ganas de asomarse a una música que no suena todo el tiempo en todas partes. Pero que, como decía Alfonsín de la democracia, cura, educa y da de comer. Nos vemos ahí.



Si estás acá quizás hayas leído lo que escribí hace un tiempo sobre el regreso de Soda Stéreo. Quizás también me hayás insultado, porque recuerdo que los fans del grupo no quisieron aceptar que nadie tuviera ni siquiera una duda sobre el acontecimiento. En fin, altos niveles de intolerancia atacaron a las masas sodamaníacas y no es tan grave, las religiones siempre se manejaron así.
Estuve el viernes en el primero de los recitales, el que abrió la puerta para la enorme gira del regreso que llevará al trío desde Núñez hasta Hollywood. Confirmé las mejores y las peores predicciones. Te cuento qué me pareció así insultás tranquilo.
Lo mejor de la burbuja sin dudas fueron las canciones. Que se demostraron, tal como se preveía, inoxidables, puras de toda pureza, contemporáneas. Esa andanada impresionante de hits recordó a todos qué música se hacía en este país ayer nomás, a la vuelta del pasado. Y la comparación con el presente da pánico. Fue evidente que como en tantas otras cosas, la crisis por la que pasamos nos dejó empobrecidos y desorientados. Así suena la música popular argentina actual más cercana al mainstream, en comparación con lo que pasaba en los ’80 y ’90.
Soda nos recuerda que alguna vez en este país la música más popular fue contemporánea a los pulsos del planeta y que no todo terminaba en la birra y el homenaje inconducente al Che. Y que los integrantes del grupo más popular podían ser excelentes músicos.
También se confirmaron las peores presunciones. Claro que como se esperaba, la banda sonó muy, muy, profesional. En lo peor que el profesionalismo tiene, su falta de ángel. Fue difícil encontrar algo de magia en tres hombres que no se hablaron y casi no se miraron a lo largo de todo el show que si tuvo onda fue por la enorme capacidad del público para seguir enamorado. Los chicos que nunca habían visto al trío accedieron a la versión más técnicamente irreprochable de Soda Stéreo. Las luces y el sonido del show de regreso tienen una calidad a la que nunca había llegado un grupo argentino.
Gente del grupo más íntimo de la banda me había asegurado que lo que mantenía vivo en los ensayos a Soda Stéreo era la fuerza de las canciones. Pero que las sonrisas desaparecían después de las escasas fotos de prensa del encuentro y el aire se cortaba con una yilé entre los tres protagonistas que apenas se saludaban. De hecho, eso vieron las doscientas mil personas de este primer fin de semana. El único momento en que las cámaras los pudieron tomar juntos fue en el final de los bises.
Fue como ver algunas fotos en un álbum familiar. Queridas fotos, entrañables, pero indefectiblemente sólo reflejos de un ayer que no volverá. Se viven muchas emociones muy fuertes viendo aquellas fotos. Y después se cierra el álbum porque la vida es otra cosa. ¿Por qué el público quiere ver otra vez lo que ya fue? No sé, a los chicos les pasa lo mismo con sus películas. Se ríen de lo que ya se rieron. No está ni bien ni mal, claro. Sólo que todo empuja para atrás todo el tiempo y lo nuevo tarda en venir. Esperemos que haya recompensa.
Ahí está la burbuja, entrar en ella es maravilloso para quienes entienden ese momento compartido. Y como toda burbuja, estallará finalmente. Ellos ya habían anticipado que nada era personal.
Ahora personal son sólo los celulares.
Más de Soda en el especial de Terra.
