El Blog de Bazán

Hace años que camino los pasillos, ando por los camarines, estoy en las filmaciones, y saco mis propias conclusiones sobre lo que pasa ciertas oficinas donde se toman decisiones. Ahora tengo un lugar donde publicarlas.
 

Archivo para: Octubre 2007

31.10.07

Eldar, un prodigio mundial en casa

 

No es fácil, al menos para mí, ubicar a Kyrgyzstan en un mapa. Pero era una de las Repúblicas Socialistas Soviéticas cuando existía el socialismo soviético y se conocía como Rusia. Ahí, hace veinte años nacía Eldar Djangirov, hijo de una musicóloga y profesora de piano y un ingeniero que también tocaba el piano y coleccionaba discos de jazz. Se dice fácil "coleccionaba discos de jazz" pero parece que en la época en que el padre de Eldar era joven "coleccionar discos de jazz" era allí, simplemente, un delito.

En esa casa -que se puede intuir con el piano como eje omnipresente- es que creció Eldar, con oído absoluto. A los tres años ya tocaba. A los cinco sus padres descubrieron, azorados, que el nene podía reproducir en el instrumento cualquier melodía que escuchara. La biografía es cortita porque recién comienza: a los 9 tocó en el Festival de Jazz de Novosibirsk (¿alguien sabía que había un festival de jazz allí?) y por esas cosas del destino entre el público había un publicista norteamericano que lo convenció para mudarse sin más vueltas a Estados Unidos.

Así fue que Eldar con su familia se fue a la cuna del jazz y en nada de tiempo estaba audicionando, de la mano de Winston Marsalis para tocar en el Lincoln Center. Ya grabó tres discos, el último Re-imagination acaba de ser lanzado y busquen ahí no sólo standares de jazz como Out of nowhere o Place St. Henri (de Oscar Peterson, quien parece ser uno de sus autores favoritos) sino una exquisita versión de la ultra transitada Blakcbird de Lennon & McCartney.

Por esas cosas de las programaciones musicales, Eldar, cuando nadie lo esperaba, apareció por Buenos Aires y este 1 de noviembre presenta Re-Imagination en el ND Ateneo. Tuve la suerte de conocer hoy a Eldar, porque compartimos un programa de televisión. Esperaba un nerd pianístico y me encontré con un pibe carismático que no sólo saludó y habló con todo el mundo sino que, como cualquier post adolescente en celo, murió por sacarse una foto con Pamela David, también invitada al programa de la mañana donde trabajo.

En solo tres minutos demostró por qué es considerado hoy como la gran figura del piano del jazz del mundo, demoliendo cualquier duda sobre la autenticidad de su trabajo. También está editado en Argentina otro trabajo del muchachito: "Eldar live at the blue note", un recital increíble grabado en vivo el 14 de noviembre del 2005 en el mítico Blue Note de Nueva York.

Ahí las versiones de los inoxidables What is this thing called love de Cole Porter y de Take the A Train emocionan por la perfección y el sentimiento. Y la versión de Bésame mucho, el clásico de Consuelo Velásquez es, sencillamente, insuperable.

Este jueves en el ND Ateneo estará Eldar para quienes tengan ganas de asomarse a una música que no suena todo el tiempo en todas partes. Pero que, como decía Alfonsín de la democracia, cura, educa y da de comer. Nos vemos ahí.

Más música en Terra.

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26.10.07

El ministro que no fue




Finalmente el anunciado ministro de cultura que Macri había designado para manejar los destinos del área en la ciudad no va a asumir. Lo hicieron renunciar antes de que pudiera tomar posesión de su cargo.

Un lindo papelón que fue medido como menos perjudicial que la asunción del designado Luis Rodríguez Felder quien, en un puñado de entrevistas, desgranó una serie de conceptos que encendieron unas cuántas luces de atención en todos los que estamos interesados en que Buenos Aires siga siendo un faro cultural sudamericano.

Bueno, ponéle que "faro cultural sudamericano" sea una exageración: ponéle que "lugar respirable" sea mejor.

Es interesante comprobar los reflejos que funcionaron en el partido que gobernará la ciudad desde diciembre. Según parece, en varios lugares en donde se reunieron artistas y gente ligada a la cultura -como la entrega de los premios ACE- el tema excluyente fue la poca preparación para el cargo que Felder demostró en las entrevistas previas.

Eso, sumado a la repercusión negativa que su nombre tuvo en varios foros de Internet (ejem) hizo que Macri le bajara el pulgar antes de que don Felder, el inventor de las tortas sin horno (sic) pudiera asumir. Me dio como una alegría. Habrá que seguir escribiendo.

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25.10.07

¿Quién conoce a Gabo y a Lisandro Aristimuño?



Por alguna razón, la noticia tuvo menos repercusión de lo que merecía. El programa Volver Rock del Canal Volver decidió homenajear a los cuarenta años del rock nacional con una serie de ocho especiales. Producidos por Daniel García Moreno, con Nicolás Pauls, Alfredo Rosso y Marcelo Fernández Bittar, armaron una ecléctica lista de participantes todos relacionados de una u otra manera con esa manera de entender el arte popular que se dio en llamar, para simplificar las cosas, "rock nacional".

Supongo que como una manera clara de demostrar que eso que nació en los '60 continúa y no es sólo un museo de cosas bellas, la producción invitó a dos valores nuevos que están dando sólidos pasos en la dirección correcta: Leandro Aristimuño y Gabo, cantautores ambos y de creciente prestigio en circuitos cada vez mayores (ya han pasado por esos peldaños iniciáticos que son La Trastienda y Niceto). Han grabado sendos CD y sus presentaciones son seguidas con avidez por fanáticos que conocen el santo y seña para estar ahí donde las cosas ocurren.

Como tantos otros músicos (Los Gatos, Hilda Lizarazu, Jóvenes Pordioseros por nombrar sólo algunos) grabaron su participación en el programa de Pauls, Rosso y Fernández Bittar, quienes además vale repetir son conocidos conocedores del tema. Seria la producción, serios los conductores, interesantes los invitados, todo anunciaba una fiesta, en encuentro necesario y no destinado a pelear el rating nocturno, tan patinando y bailando él. Parecía que la tele podía hacerle justicia, al menos cada tanto, a creadores argentinos. Grabaron el programa y se fueron a su casa.

Así, en su casa Nicolás Pauls viendo el programa se escuchó trastabillar en la presentación del programa. Un poco simpático corte mutiló sus palabras y a pesar de que él nombró a Aristimuño y Gabo cuando grabó el copete de apertura en donde anunció quiénes iban a presentarse esa noche en Volver Rock, los nombres de los dos cantautores desaparecieron, como desaparecieron también sus perfomances.

Así, "¡No tá má!¡Che fé!" como se le dice a un nene y que deje de joder.

Tardaron nada los responsables del programa en enterarse que las autoridades del canal decidieron que ni Aristimuño ni Gabo pertenecían a la aristocracia del rock, que no eran representativos de estos cuarenta años y que mejor que se quedaran en sus casas. Los espectadores de Volver no iban a ver contaminados sus ojos y sus oídos con ¡horror! músicos no famosos.

Lo que vino después, una ola de actitudes honrosas. Los conductores renunciaron. Y los músicos que estaban citados para grabar al día siguiente, Fito Páez, Kevin Johansen, Árbol, Leo García y Edelmiro Molinari decidieron solidarizarse con el programa y retirar su participación.

Ni siquiera parece un acto de censura, con tontera alcanza para designar lo ocurrido. La lógica más obtusa de la televisión comercial, esa que pelea el cerocomauno de rating con las armas más banales entra en el cable con una facilidad espantosa.

Volver creyó que los espectadores que estaban mirando su pantalla huirían en masa al ver ahí a dos cantautores semidesconocidos. La paradoja es clara: si sólo difunden a los ya difundidos…¿cómo hacen los nuevos para aparecer? A vos no te hago conocido porque no sos conocido, parecen decir, lo cual es un disparate que avisa claramente dónde están parados algunos de los responsables de la televisión.

Por suerte Gabo en su recital con el que abarrotó La Trastienda el fin de semana pasado pudo reírse sin problemas del asunto. No hace falta que un funcionario de Volver lo inscriba en la tradición de la mejor música popular argentina.


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22.10.07

La burbuja de Soda


Si estás acá quizás hayas leído lo que escribí hace un tiempo sobre el regreso de Soda Stéreo. Quizás también me hayás insultado, porque recuerdo que los fans del grupo no quisieron aceptar que nadie tuviera ni siquiera una duda sobre el acontecimiento. En fin, altos niveles de intolerancia atacaron a las masas sodamaníacas y no es tan grave, las religiones siempre se manejaron así.

Estuve el viernes en el primero de los recitales, el que abrió la puerta para la enorme gira del regreso que llevará al trío desde Núñez hasta Hollywood. Confirmé las mejores y las peores predicciones. Te cuento qué me pareció así insultás tranquilo.

Lo mejor de la burbuja sin dudas fueron las canciones. Que se demostraron, tal como se preveía, inoxidables, puras de toda pureza, contemporáneas. Esa andanada impresionante de hits recordó a todos qué música se hacía en este país ayer nomás, a la vuelta del pasado. Y la comparación con el presente da pánico. Fue evidente que como en tantas otras cosas, la crisis por la que pasamos nos dejó empobrecidos y desorientados. Así suena la música popular argentina actual más cercana al mainstream, en comparación con lo que pasaba en los ’80 y ’90.

Soda nos recuerda que alguna vez en este país la música más popular fue contemporánea a los pulsos del planeta y que no todo terminaba en la birra y el homenaje inconducente al Che. Y que los integrantes del grupo más popular podían ser excelentes músicos.

También se confirmaron las peores presunciones. Claro que como se esperaba, la banda sonó muy, muy, profesional. En lo peor que el profesionalismo tiene, su falta de ángel. Fue difícil encontrar algo de magia en tres hombres que no se hablaron y casi no se miraron a lo largo de todo el show que si tuvo onda fue por la enorme capacidad del público para seguir enamorado. Los chicos que nunca habían visto al trío accedieron a la versión más técnicamente irreprochable de Soda Stéreo. Las luces y el sonido del show de regreso tienen una calidad a la que nunca había llegado un grupo argentino.

Gente del grupo más íntimo de la banda me había asegurado que lo que mantenía vivo en los ensayos a Soda Stéreo era la fuerza de las canciones. Pero que las sonrisas desaparecían después de las escasas fotos de prensa del encuentro y el aire se cortaba con una yilé entre los tres protagonistas que apenas se saludaban. De hecho, eso vieron las doscientas mil personas de este primer fin de semana. El único momento en que las cámaras los pudieron tomar juntos fue en el final de los bises.

Fue como ver algunas fotos en un álbum familiar
. Queridas fotos, entrañables, pero indefectiblemente sólo reflejos de un ayer que no volverá. Se viven muchas emociones muy fuertes viendo aquellas fotos. Y después se cierra el álbum porque la vida es otra cosa. ¿Por qué el público quiere ver otra vez lo que ya fue? No sé, a los chicos les pasa lo mismo con sus películas. Se ríen de lo que ya se rieron. No está ni bien ni mal, claro. Sólo que todo empuja para atrás todo el tiempo y lo nuevo tarda en venir. Esperemos que haya recompensa.

Ahí está la burbuja, entrar en ella es maravilloso para quienes entienden ese momento compartido. Y como toda burbuja, estallará finalmente. Ellos ya habían anticipado que nada era personal.

Ahora personal son sólo los celulares.

Más de Soda en el especial de Terra.

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17.10.07

Estaba buena Buenos Aires



Avisan que Va a estar buena Buenos Aires. Y al mismo tiempo avisan que van a cerrar el canal Ciudad Abierta. Son necios, claro. Y para colmo andan con la soberbia del ganador. Ufa!.

Se acaba de anunciar que Mauricio Macri nombrará en Cultura de la ciudad al editor Luis Rodríguez Felder, quien en la entrevista en la que se presenta en la sección Cultura del diario Clarín dice: “Seré el primer ministro de Cultura que es filósofo”. También dice, de entrada, que no lo llamen “licenciado” ya que no terminó la carrera que comenzó en 1961 en Filosofía y Letras. En todo caso, parece que no hace falta título de filósofo para ejercer como tal.

En la descripción que hacen en el diario de su obra –todo intelectual tiene obra, aquello que lo posiciona en el mundo de la cultura, claro- nombran dos libros que escribió, ilustró, diseñó y editó “Cómo hacer tortas y postres (sin uso del fuego)” y “Cómo hacer muñecas y muñecos”. Según parece, Macri lo eligió por su exitoso trabajo como empresario de la editorial Grupo Imaginador de Ediciones.

Por un lado, Rodríguez Felder tranquiliza avisando que mantendrá los festivales Bafici y el de Teatro; por el otro, preocupa cuando asegura que la cultura debe ser rentable.

Ya sabe, según anticipa, que lo van a cuestionar por eso. Y sí don Luis, lo vamos a cuestionar si el Estado cree que la cultura debe ser rentable. Y también si dice que “hay que volver a llevar la cultura a los barrios, a las casas”. No hay nada que llevar ni que traer. Hay que ayudar a crear, mejor, hay que dar condiciones para la creación y el disfrute de la cultura, pero si empezamos llevando a los pobres incultos lo que pensamos que es cultura estamos errando desde el comienzo.

Por ahí se comentó, y hasta salió publicado en un diario, que el licenciado Ignacio Liprandi se iba a hacer cargo del área pero que habló a favor de la unión civil de personas del mismo sexo y ahí mismo sonó el teléfono. El Cardenal Bergoglio habría llamado a Gabriela Michetti diciendo que cómo se les ocurre y la vice bajó el pulgar para el liberal licenciado que se quedó con el traje de funcionario cultural sin usar.

Sólo podemos orar para que tal chisme sea un dislate. Porque si es verdad, es un dislate mayor. ¿El representante de una religión –cualquiera sea ella- decidiendo sobre la cultura de toda la ciudad? En fin.

Ahí está ahora el autor del libro de las tortas sin fuego y también de cinco volúmenes filosóficos “Teoría de la integración” y ex titiritero diciendo que van a filmar los espectáculos que se den en el Gobierno de la Ciudad, a lo que la periodista Patricia Kolesnicov preguntó, con buen tino: “¿Dónde los pasarán? Porque el canal de la ciudad se cerrará”. A lo que el titiritero filósofo empresario contesta: “Eso estaba decidido desde antes de que me llamaran. Veremos si podemos darlos en canales oficiales. O guardarlos, quizás más adelante hagamos algo semejante pero mucho mejor”.

En fin, por ahora, buenas intenciones excepto una sola medida ya decidida: el PRO va a cerrar el canal Ciudad Abierta. Y va a grabar espectáculos para tenerlos guardados para cuando se les ocurra hacer un canal de la ciudad.

Obvio que la cultura no les va a dar ganancias mensurables en dos meses. Obvio que la cultura es lenta e inexorable. Tanto como su ausencia. Ese canal empujado al fondo de las grillas de las canales de cable es un aire interesante y particularísimo que sólo es posible en Buenos Aires.

Hace un tiempo crucé nomás el charco, llegué a Montevideo, otra hermosa capital latinoamericana con esa tensión intacta entre metrópoli contemporánea y gestos de la nostalgia. Tirado en el hotel vi el canal montevideano y reconocí cómo mostraban orgullosos su cultura, sus calles, su gente. En aquél momento los envidié hasta que Buenos Aires tuvo su propio canal.

El PRO no quiere que la gente se reconozca en su propia pantalla.
Seguramente nos tienen preparadas otras hermosas sorpresas, con su teoría de la cultura rentable y eso de que el Estado tiene que estar ahí donde no están los privados (lo que significa algo así como si no se puede hacer negocio, que se ocupe el estado, todo lo demás, es para los amigos).

El Canal de la Ciudad precisa exactamente lo contrario: un mayor presupuesto, una presencia mayor en la ciudad, una colaboración más estrecha de los ciudadanos, un encuentro para que la cultura local no sea sólo eso que los extranjeros compran barato y se llevan de recuerdo a lugares en los que nunca estaremos.

Esas entrevistas largas y profundas de María Iribarren, de María Moreno; esas ficciones sobre la realidad de Marcelo Larraquy; en fin, tantas alegrías que el Canal de la Ciudad ha dado incluso en momentos de economía de guerra no puede terminar por una decisión burocrática.

Don Luis, con el respeto que me merece su pasado de titiritero, filósofo, empresario y creador de las tortas sin fuego: que no nos cierren el canal.
No acepto una ciudad cerrada.

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