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Compré el CD del último concierto de Soda Stéreo en River. Lo escucho cada tanto.
Compré el DVD del último concierto de Soda Stéreo en River. Lo veo cada tanto.
¿Qué hago? ¡Gracias totales, quiero que me devuelvan el dinero!
Todo lo que era último, final, definitivo se desvaneció en el aire. Al último se le agrega un posterior. Y otro. Y después una gira. Entonces, el que me vendieron como último era nada más que el final de la primera parte.
Pero parece que no hay segunda parte. Vuelven, pero no vuelven.
No fue que los tres tipos que más hicieron por la difusión de la música pop argentina en el mundo en los últimos veinticinco años un día se miraron a los ojos y se dijeron: "Es hora, veamos qué quedó de aquél amor de música ligera".
No es que volvió la química que hizo de los tres pibes de pelos parados de los '80 un ícono que jamás despegaremos de nuestras vidas. No son las canciones las que se presentan con una fuerza propia tan contundente que no se les puede decir que no. No es el hecho artístico, que los parió. Hay casi seis millones de dólares.
Hay negocios de acá, de allá y de más allá. Te van a sonar en los celulares, en los ringtones y en el botón del baño. Va a haber wallpapers, backstones, protectores de pantalla.
Hay casi dos palos verdes para cada uno. El argumento es tan contundente que... ¿qué se le contrapone?
No hay un solo argumento artístico en el regreso del trío más mentado. Ni uno. Con suerte se puede apelar a cierta nostalgia treintañera pero nada más. Cuando fue el regreso de Serú Girán al menos intentaron grabar un nuevo disco. Es cierto, olvidable, pero al menos parecía que tenían ganas de volver a verse, de ver qué se recreaba, qué pasaba ahí.
Ni siquiera un mínimo de eso se ve flotar en este reencuentro. Nada. El absoluto vacío. Los seis millones de dólares como argumento ineludible y a su vez absolutamente lógico: "¿Cómo van a decir que no si se quedan con dos palos cada uno?". A nadie se le ocurre desafiar esa lógica de mercado y ellos parecen haberse resistido todo lo que pudieron pero ¿quién dice que no?
La plata está ahí, las canciones son de ellos y siguen siendo tan endiabladamente potentes como en su momento, entonces ¿por qué no?
Porque nada bueno le ha dado al arte -ni siquiera al arte pop- un gesto que sólo viene empujado por el dinero. Hace siempre falta algo de sangre. Aunque sea sangre pop. Acá no hay nada de eso.
Porque siempre ir a ver a Soda fue ir a ver el gesto de futuro, aquello que estaba por venir, la foto del presente en donde rastrear las señales de lo que vendría.
Ahora es todo lo contrario. Soda Stéreo será sólo aquello que fue y nada más. Estos recitales serán sólo una fiesta del pasado. Vas a ir a ver lo que ya sabés. Como los chicos que quieren ver una y otra vez el mismo dibujito. No hay actitud menos Soda Stéreo que ésa.
En fin, que nos encontraremos en River para recordar lo que ya no somos. Lo que ya nunca seremos. Por suerte continúan los tres con sus carreras solistas. Alguno de ellos me tendrá que devolver la guita de la entrada anterior, el CD y el DVD. Gracias Totales.